Mi camino hacia las letras
Siempre fui una persona de pocas palabras, irónico para alguien que decidió estudiar Letras, pero así fue. Lo cierto es que no me sentía cómoda entre las multitudes y tampoco me apetecían las pláticas con desconocidos. Supongo que todos sentimos al menos alguna vez en la vida que no encajamos en el mundo, y creo que así me sentía en aquel momento, pero para mi fortuna, ese no era el único mundo en el que yo podía deambular. Existía también el mundo de la literatura.
Los libros de lecturas de la primaria,
cuentos clásicos, las novelas juveniles e incluso Wattpad fueron los principales
culpables de la fascinación que tenía hacia la literatura durante mi niñez y
gran parte de mi adolescencia. Fue así como en secundaria, a excepción de un
reducido número de personas, llegó un momento en el que los libros se
convirtieron en mis mejores amigos. No olvido los recreos que prefería leer
debajo de un árbol en lugar de jugar fútbol o hacer cualquier otra cosa. La
literatura era mi lugar seguro.
Además, no puedo omitir el hecho de que tuve
una maestra de español excepcional durante esta época, a quien probablemente le
atribuyo mi decisión final de estudiar esta carrera. Ella continuó perpetuando
mi gusto hacia la lectura, me enseñó a hacer mis primeros ensayos y textos
creativos. Recuerdo que nos decía “el cerebro
no es para dejarlo empaquetado”, y lo decía en serio, pues no recuerdo una de
sus clases que no haya sido dinámica.
Llegué a la facultad con mucho miedo y
emoción, pero al poco tiempo también me invadió un sentimiento familiar, el
mismo que sentía cuando sostenía un libro en mis manos: no estás sola. Tuve la dicha de conocer personas que compartían mis
intereses y que también me enseñaron a descubrir otras formas de ver la
literatura y el mundo. Por primera vez sentí que encajaba en un lugar.
Eso sí, no todo fue un camino de rosas, ni
de la forma en que lo esperaba. Si bien la mayoría de mis clases han sido
interesantes y enriquecedoras, hubo otras que casi me llevan al borde del
colapso. Ya sea por la dinámica de los profesores, el tipo de lecturas o incluso
factores administrativos, muchas de ellas no fueron de mi agrado. En un punto
incluso llegué a aborrecer la lectura y la escritura, pues la carrera muchas
veces no me permitía incursionar en lo que a mí me gustaba. También me ha
visitado la famosa crisis existencial,
haciéndome dudar sobre si tomé la decisión correcta. Por suerte, siempre he
tenido maestros, compañeros, cursos y muchas otras cosas que me hacen aferrarme
a esta profesión que, pese a las dificultades, yo considero maravillosa. Hoy me
pongo a pensar en todo lo aprendido durante este viaje y definitivamente no me
arrepiento de mi elección.
Respecto al futuro, me interesa el ámbito de
creación literaria. Me gustaría que las personas se sintieran identificadas con
mis palabras, así como yo me identifiqué muchas veces con las palabras de
alguien más. También me interesa el camino de la docencia, me han dicho que, si
tienes un conocimiento, lo mejor que puedes hacer es enseñárselo a alguien más,
y yo concuerdo con ello. Pienso que no habría llegado hasta aquí sin la ayuda
de mis maestros que, más que enseñarme, me han inspirado en más de una manera.
Nada me haría más feliz que ser la fuente de inspiración de futuras
generaciones.
Me parece que, como muchas otras carreras de Humanidades, la de Letras está demasiado infravalorada, pues se le da mayor importancia a aquello que puede generar bienes materiales o ganancias. Es así que cuando decides estudiar Letras más de una vez escuchas el comentario "te vas a morir de hambre", pero hasta la fecha no conozco a ningún letrado que haya muerto así. Si bien no nos vamos a alimentar del arte (no literalmente), no hay que olvidar que es el arte en todas sus manifestaciones lo que alimenta nuestro espíritu y que sin él no podríamos llamarnos humanos. Recuerdo que en mi primer semestre asistí a una conferencia en donde nos dijeron que el mundo estaba hecho de palabras, cosa que me parece cada vez más acertada. Nuestro campo de estudio son las palabras, y las palabras pueden cambiar al mundo, así que nunca subestimes su poder.

También pienso que nuestra carrera es muy infravalorada, sobre todo por los comentarios o el desconocimiento que se tiene de esta y tienes razón. No deberían de subestimar el poder de las palabras y estoy completamente de acuerdo contigo. Así que sigamos nuestros sueños <3
ResponderEliminarAl leerte recordé que yo también fui lectora de Wattpad, y de unas novelitas que se publicaban en Facebook, jaja. Los maestros que nos hicieron conectar con nuestra carrera se llevan en el corazón.
ResponderEliminarQué bonita tu forma de plantear la carrera y tu camino a seguir.
Me identifico mucho con tu texto. Para mí también llegó un momento en la adolescencia donde la literatura se convirtió en mi lugar seguro como tú lo planteas. Asimismo comparto el sentimiento de amar-odiar la carrera pero al mismo tiempo saber que la elegiría otra vez porque es lo que me gusta.
ResponderEliminarHola, Judith:
ResponderEliminarGracias por compartir tu paso por la carrera, hay muchas situaciones con las que puedo sentirme identificado.
Gracias por reivindicar nuestro trabajo en ese último párrafo, también han habido momentos donde creo que me voy a morir de hambre, qué bueno que cada vez más estudiantes nos demos cuenta que no es así.
Un abrazo :D
Qué bonito leerte, Judith. He compartido casi toda la carrera contigo y me consta que eres de poquitas palabras, pero escribes bastante bonito. A estas alturas es común sentirse identificado con tu texto, todos hemos tenido ese sentido de amor-odio por la carrera, pero tampoco la cambiaría por nada :)
ResponderEliminarHola, Judith:
ResponderEliminarFue un placer leer tu texto, pude percibir el gran cariño que le tienes a la literatura desde joven hasta hoy en día.